C. Desplegar una Pedagogía centrada en el proceso, mucho más que en el producto final.
En éste sentido, la atención y el esmero del educador se concentra en la experiencia del camino que lleva al producto final, más que en éste mismo. Así, por ejemplo, si la actividad de aprendizaje consiste en elaborar un afiche con tal y cual propósitos, de repente sale, al fin y al cabo, con algunas imperfecciones, pero, en cambio, todos los que intervinieron al hacerlo en grupo, aprendieron mucho durante su elaboración. De qué servirá un producto final finamente acabado si no es el resultado de un proceso de elaboración propia y original, si no se construyó con el pensamiento y la participación de todos los del grupo. Lo infinitamente duradero es lo que cada alumno construyó en su mente durante el proceso de elaboración.. Una escuela que valora los productos desconectándolos de sus procesos y progresiones de elaboración, es una escuela que reproduce el modelo del mercado: impulsa la competencia por el “mejor” producto.
El profesor que, a sabiendas de que sus alumnos no tienen acceso a computadoras, les acepta y hasta les exige la presentación de sus trabajos hechos en computadora, está enseñando a valorar la presentación externa por encima del contenido, está enseñando que vale la pena pagar por la apariencia, puesto que el alumno se ve obligado a recurrir a los que copian e imprimen.
Una pedagogía centrada en el proceso tiene que ver con una pedagogía democrática donde está en juego el éxito de todos, no con una pedagogía para “laureados”. El prestigio de una escuela no puede edificarse en el reconocimiento excluyente de los “mejores”, sino en encontrar los caminos para el desarrollo personal de todos, sin discriminación. Toda forma de culto a los brillantes es una estrategia para desanimar a los opacos, para hundir a los débiles. La comparación, “sean como fulano, como fulana, que se saca 18 o 20…”es una bofetada para los que suelen estar en la cola de los puntajes, es aplicar la competitividad del mercado sin compasión, menospreciando a otros que, aunque no son brillantes, tienen otras fortalezas, sin duda, que también merecen reconocimiento.
D. Una pedagogía que favorezca la autofundación de las normas.
Uno de los principios básicos de la Democracia es la “autofundación”. Ello parte de que la libertad siempre requiere del orden, pero el único orden que produce libertad, es el orden autofundado, pues las normas que a una persona le producen libertad son las que ella misma se impone. “ Todo orden autofundado produce libertad. Esta comprensión es fundamental para nuestras sociedades porque es el punto central de la gobernabilidad; es el punto central de la ética, de la creatividad, de la autonomía, de la libertad.”, dice el educador colombiano Bernardo Toro.
De lo que se trata, entonces, es de hacer de la escuela un espacio de aprendizaje de la democracia, donde, por tal motivo, todos se sientan responsable de ella, esto es, un espacio de creación de las normas de convivencia y de gobierno de la escuela. Es así cómo es posible desarrollar las habilidades y capacidades que “hacen” a un ciudadano.
¿Qué valor pedagógico puede tener, entonces, la aplicación amenazante de Reglamentos que ningún estudiante conoce, ni en el que mingún alumno ha tenido participación, y que se dan a conocer sólo ante casos de inminente castigo?
Si se promueve la reflexión frente al acontecimiento, de fuera o de dentro del espacio escolar y de promover acuerdos y normas con la participación colectiva de los sujetos que intervienen en el proceso educativo estaremos dando la oportunidad de formar ciudadanos.
Abordar el tema de lo que debe hacer la escuela ante la influencia de la cultura del mercado puede resultar inagotable, pero es de suma importancia enfrentarlo. Sólo hemos pretendido mover el interés y la reflexión sobre el mismo. Y también contribuir al replanteamiento del sentido de la escuela en nuestros días.
Profesora María Isabel Santillana Sánchez